

Hay cosas que no se olvidan en la vida. Los buenos momentos no los debemos guardar en un baúl y dejarlos tirado. Las ilusiones a veces se convierten en realidad y los sueños se cumplen despiertos. Sólo hay que tener fe y creer que se puede conseguir lo que quieres. Para ello hay que luchar por todas esas cosas.
El viaje a Madrid fue increible. Salimos de madrugada de Coruña. Nos situamos en la parte de atras del autobús con fondo de Suaves. El kalimocho fue la constante y Esteban y yo descubrimos que deshacernos de la cerveza y del buén vino de cartón en una botella en un autobús en marcha es bastante complicado. Llegamos al Retiro. Miles de Coruñeses estaban allí. Bailamos, saltamos y cantamos a reventar. El metro nos dejó en Cuzco y alli estábamos, el alma de Coruña, a las puertas del partido imposible. Todo estaba en contra. Jugábamos contra el Madrid, en Madrid...y el día de su centenario. Entramos dos horas antes del partido. Y allí estaban 32.000 Coruñeses gritando tan fuerte que ni siquiera se oirían las olas que rompen contra la Torre en día de Tormenta. Era la época del primer Operación Triunfo ( Bustamante, Bisbi, Chenoa, Rosa....) y cantaron....o eso parecía que hacían porque era imposible parar la furia sonora de la gente del norte enardeciendo los ánimos de sus colores. El Bernabeu empezó a llenarse pero eramos uno sólo y peleamos con nuestras voces por levantar a los valientes que se enfrentaban a un destino que parecía perdido de antemano.
El partido comenzó y los Coruñeses no se amilanaron y llevaron el peso del partido. Sergio consiguió lo imposible. Hacer que Madrid fuera Riazor. Una avalancha humana saltó en éxtasis y toda la furia de Hércules se desencadenó en tierra extranjera. La última vez que estuviera en este estadio lloré. Lloré porque los sentimientos provocan situaciones que no puedes controlar. LLoré porque antes no éramos nada y Alfredo nos dijo a nosotros, hijos de Breogán, con su salto y su alegría que saliéramos de esa "longa noite de pedra" y que "espertáramos do noso sono".
Esta vez no lloré. La rabia podía conmigo y aún quedaba una eternidad.
Fue entonces cuando Trístan, al igual que aquel heroe que luchó contra el Dragón por el amor de Isolda, le clavó el puñal en pleno corazón a la bestia. Y era mortal.
Pero la bestia era fuerte y por medio de su esbirro Raúl consiguió levantar a 55.000 almas que durante 5 minutos sonaron como los condenados en el infierno. Pero el fuego se iba consumiendo lentamente y el agua del océano lo acabaría apagando.
Estaba hecho. La victoria de la fé. La victoria de la ilusión.
Luchamos y vencimos. Hoy aún nos quedan muchas muchas luchas y las debemos afrontar con esfuerzo para conseguir lo que amamos. Así lo haremos.
Una vez fuimos grandes.
SEÁMOSLO OTRA VEZ!!
http://es.youtube.com/watch?v=vpOIpsRQX4M
1 comentario:
¿Por qué no permites los comentarios en algunos post y en otros sí?
P. cierto la tarta de café muy buena ;-)
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