
Muchas veces pasan cosas buenas en la vida. Los momentos de alegría los recordamos como algo increible y que nos gustaría volver a revivir. Son momentos, que en mi caso, vivimos al 100x100 y guardamos en el fondo del corazón. Hace exactamente 9 años estaba en Coruña como un loco debido a la euforia. Fue la mayor explosión de ilusión que había visto hasta ese momento.
Hace 9 años el RC. Deportivo ganó la liga. Esa mañana me levanté con las mariposas en el estómago como si algo grande fuera a pasar. Me fui a entrenar junto con César y Manule. Estuvimos exactamente 15 minutos, no más. La granada que teníamos en el estómago ya tenía la espoleta quitada. Nos fuimos a un bar de la Ronda de Outeiro donde ya estaba Dario. Eran las 11 de la mañana. Sobra decir que la estrella fue nuestra acompañante en todo momento. Después de gritar y cantar fuimos a comer a casa López donde no pudimos contener los gritos de la gente que nos acompañaba ese día.
La ciudad se vistió de blanquiazul y el sol brillaba en lo más alto para acompañar la euforia que no era ni mucho menos comedida.
Después de pasar por la Tasca y varios garitos más llegó el momento de la verdad. Tengo la imagen del tifo como si fuera hoy. Dios, era increible. La gente estaba histérica y no paraba de gritar.
La explosión llegó. Donato lo logró. Avalancha en pabellón. Salte todos los asientos pasando encima de todo el mundo hasta llegar a la valla. Makaay la remató y la granada estalló. Jamás podre describir qué fue aquello. Recuerdo que al llegar al cesped esteban y yo nos abrazamos y lloramos de alegría. Sí, lloramos. Jamás podré escuchar "We are the champions" sin que se me ponga la piel de gallina y recuerde aquel abrazo con Dario en Maria Pita.
La ilusión es una fuerza que no puedes controlar. Consigue que la adrenalina suba por las nubes.
Aquellos que habéis vivido algo así sabéis de lo que hablo.
El resto ya lo conocéis. Qué poco cuesta a veces ser feliz.
Ojalá algún día vuelva.